«La lógica de los que tienen buenas intenciones suele ser la más dañina».
— George Orwell
El espejismo de los controles de precios: la lección de los alquileres
Corría el año 1971 cuando el economista sueco de filiación socialdemócrata Assar Lindbeck afirmaba:
«En muchos casos, el control de alquileres parece ser la técnica más eficaz que se conoce actualmente para destruir una ciudad... con la excepción de los bombardeos».
En 1989, el ministro de Asuntos Exteriores de Vietnam, Nguyen Co Thach, reafirmaba este enunciado al declarar:
«Los estadounidenses no pudieron destruir Hanói, pero nosotros destruimos nuestra ciudad con alquileres muy bajos. Nos dimos cuenta de que fue una estupidez».
Los efectos perversos del control de alquileres en una ciudad suelen ser devastadores. Los inversionistas del sector, al ver que no pueden obtener beneficios de sus capitales, migran hacia rubros más prometedores. Por su parte, los propietarios, al notar que sus ingresos se mantienen estáticos frente a costos que no paran de crecer, dejan de invertir en el mantenimiento de sus inmuebles. El resultado final son ciudades abandonadas, edificios derruidos, predios tugurizados, devaluación inmobiliaria y, por supuesto, un enorme problema de acceso a la vivienda.
La ilusión populista y la fatal arrogancia
En el fondo de este caos lo que solemos encontrar es el choque de la intención bienhechora (y por lo general políticamente interesada) de resolver un problema de naturaleza económica por medio de herramientas jurídicas. Algo así como pretender detener una inundación con una red.
Autores como Sebastián Edwards y Rudiger Dornbusch señalarían que estamos ante el clásico síntoma de la ilusión populista: el legislador ignora apriorísticamente que la economía tiene sus propias leyes operando al margen de la voluntad estatal.
Por su parte, Friedrich Hayek, principal exponente de la Escuela Austriaca de Economía, conceptualizó esta situación como la «fatal arrogancia»: esa pretensión del conocimiento que hace creer al regulador que puede imponer la rigidez del orden jurídico sobre el orden espontáneo del mercado.
El tope a las tasas de interés: la nueva versión del viejo error
Ahora que el gobierno pretende poner fin a la denominada «ley antiusura» y eliminar el tope al interés bancario, conviene repasar los efectos reales de esta restrictiva medida.
A diferencia de lo que promete la demagogia, la evidencia muestra cuatro consecuencias críticas:
Exclusión del sistema formal: Peor que un crédito oneroso es no tener acceso a ningún crédito. Al limitar los intereses por ley, los bancos evalúan bajo sus modelos de riesgo que ciertos clientes no justifican la operación, cerrándoles las puertas del auxilio crediticio.
Asfixia al microemprendimiento: Se genera un efecto pernicioso sobre los pequeños empresarios que, al no tener acceso al crédito (incluso a tasas altas), ven imposibilitada la puesta en marcha de sus proyectos.
Contracción de la oferta crediticia: Las entidades son más reacias a colocar dinero en el mercado. Esto crea una barrera operativa para las instituciones de microfinanzas, las cuales deben abandonar sectores enteros que se vuelven inviables de atender bajo un tope artificial.
Auge del crédito informal y la criminalidad: Ante la falta de oferta legal, florece el crédito informal con tasas verdaderamente usureras, acompañado de fenómenos delictivos como la extorsión y el sicariato. ¿O es que los legisladores nunca escucharon hablar del esquema «gota a gota»?
Para los economistas Joseph Stiglitz y Andrew Weiss, un tope legal a las tasas de interés agrava la restricción que ejercen los bancos dada su aversión natural al riesgo, elevando drásticamente las barreras de exclusión financiera.
Como señalaba Milton Friedman, lo relevante de las leyes no son sus intenciones, sino sus resultados. El resultado más evidente de las leyes de usura es el incremento de la informalidad. Friedman resumió esta paradoja de forma magistral:
«Las leyes de usura son un excelente ejemplo de una ley con buenas intenciones pero con efectos perversos. Al prohibir que se cobren tasas de interés altas a quienes representan un mayor riesgo, el gobierno no logra que consigan préstamos baratos; simplemente hace ilegal que consigan préstamos».
Alternativas de mercado para la inclusión financiera
Ante esta problemática, organismos internacionales como el Banco Mundial han publicado numerosos informes sugiriendo topes dinámicos ajustados por el mercado y una profunda segmentación del crédito, permitiendo costos más altos para perfiles de mayor riesgo en lugar de imponer prohibiciones tajantes.
Asimismo, la apertura del mercado a los neobancos, la adopción de plataformas de préstamos peer-to-peer (P2P) y el fomento de mayor competencia se perfilan como alternativas técnicamente viables para reducir las tasas de forma orgánica, sin destruir el mercado de crédito en el intento.

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