miércoles, 30 de septiembre de 2026

El camino del infierno: a propósito de los límites a las tasas de interés

«La lógica de los que tienen buenas intenciones suele ser la más dañina».

— George Orwell


El espejismo de los controles de precios: la lección de los alquileres

Corría el año 1971 cuando el economista sueco de filiación socialdemócrata Assar Lindbeck afirmaba:

«En muchos casos, el control de alquileres parece ser la técnica más eficaz que se conoce actualmente para destruir una ciudad... con la excepción de los bombardeos».

En 1989, el ministro de Asuntos Exteriores de Vietnam, Nguyen Co Thach, reafirmaba este enunciado al declarar:

«Los estadounidenses no pudieron destruir Hanói, pero nosotros destruimos nuestra ciudad con alquileres muy bajos. Nos dimos cuenta de que fue una estupidez».

Los efectos perversos del control de alquileres en una ciudad suelen ser devastadores. Los inversionistas del sector, al ver que no pueden obtener beneficios de sus capitales, migran hacia rubros más prometedores. Por su parte, los propietarios, al notar que sus ingresos se mantienen estáticos frente a costos que no paran de crecer, dejan de invertir en el mantenimiento de sus inmuebles. El resultado final son ciudades abandonadas, edificios derruidos, predios tugurizados, devaluación inmobiliaria y, por supuesto, un enorme problema de acceso a la vivienda.

La ilusión populista y la fatal arrogancia

En el fondo de este caos lo que solemos encontrar es el choque de la intención bienhechora (y por lo general políticamente interesada) de resolver un problema de naturaleza económica por medio de herramientas jurídicas. Algo así como pretender detener una inundación con una red.

Autores como Sebastián Edwards y Rudiger Dornbusch señalarían que estamos ante el clásico síntoma de la ilusión populista: el legislador ignora apriorísticamente que la economía tiene sus propias leyes operando al margen de la voluntad estatal.

Por su parte, Friedrich Hayek, principal exponente de la Escuela Austriaca de Economía, conceptualizó esta situación como la «fatal arrogancia»: esa pretensión del conocimiento que hace creer al regulador que puede imponer la rigidez del orden jurídico sobre el orden espontáneo del mercado.

El tope a las tasas de interés: la nueva versión del viejo error

Ahora que el gobierno pretende poner fin a la denominada «ley antiusura» y eliminar el tope al interés bancario, conviene repasar los efectos reales de esta restrictiva medida.

A diferencia de lo que promete la demagogia, la evidencia muestra cuatro consecuencias críticas:

  1. Exclusión del sistema formal: Peor que un crédito oneroso es no tener acceso a ningún crédito. Al limitar los intereses por ley, los bancos evalúan bajo sus modelos de riesgo que ciertos clientes no justifican la operación, cerrándoles las puertas del auxilio crediticio.

  2. Asfixia al microemprendimiento: Se genera un efecto pernicioso sobre los pequeños empresarios que, al no tener acceso al crédito (incluso a tasas altas), ven imposibilitada la puesta en marcha de sus proyectos.

  3. Contracción de la oferta crediticia: Las entidades son más reacias a colocar dinero en el mercado. Esto crea una barrera operativa para las instituciones de microfinanzas, las cuales deben abandonar sectores enteros que se vuelven inviables de atender bajo un tope artificial.

  4. Auge del crédito informal y la criminalidad: Ante la falta de oferta legal, florece el crédito informal con tasas verdaderamente usureras, acompañado de fenómenos delictivos como la extorsión y el sicariato. ¿O es que los legisladores nunca escucharon hablar del esquema «gota a gota»?

Para los economistas Joseph Stiglitz y Andrew Weiss, un tope legal a las tasas de interés agrava la restricción que ejercen los bancos dada su aversión natural al riesgo, elevando drásticamente las barreras de exclusión financiera.

Como señalaba Milton Friedman, lo relevante de las leyes no son sus intenciones, sino sus resultados. El resultado más evidente de las leyes de usura es el incremento de la informalidad. Friedman resumió esta paradoja de forma magistral:

«Las leyes de usura son un excelente ejemplo de una ley con buenas intenciones pero con efectos perversos. Al prohibir que se cobren tasas de interés altas a quienes representan un mayor riesgo, el gobierno no logra que consigan préstamos baratos; simplemente hace ilegal que consigan préstamos».

Alternativas de mercado para la inclusión financiera

Ante esta problemática, organismos internacionales como el Banco Mundial han publicado numerosos informes sugiriendo topes dinámicos ajustados por el mercado y una profunda segmentación del crédito, permitiendo costos más altos para perfiles de mayor riesgo en lugar de imponer prohibiciones tajantes.

Asimismo, la apertura del mercado a los neobancos, la adopción de plataformas de préstamos peer-to-peer (P2P) y el fomento de mayor competencia se perfilan como alternativas técnicamente viables para reducir las tasas de forma orgánica, sin destruir el mercado de crédito en el intento.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Al día siguiente: Los primeros 30 días del Keikismo


Si alguien esperaba una gran transformación tras la asunción de Keiko Fujimori al mando de la nación peruana, hay que decirle que sufre de una grave inflamación de expectativas. Como dije en mi posteo anterior sobre la inesperada victoria de Fujimori en las elecciones 2026, a Keiko le basta con ser Keiko para que su gobierno sea ostensiblemente mejor que el del infausto golpista Pedro Castillo.

Imagen: Ruslan Sikunov

Para empezar, no vemos una corrida de capitales en los primeros días del gobierno; eso ya es ganancia. Tampoco percibimos una sensación galopante de inestabilidad. Al menos de momento no lo vemos. Sí, ya sabemos que en Perusalém lo único que podemos esperar es lo inesperado. Sin embargo, es muy raro ver por estos días a los habituales profetas de café anunciando la inminente vacancia de la presidenta Fujimori.

Cierto es que no son pocos los que sueñan con defenestrarla, e incluso los acólitos del sombrero tienen la desfachatez de poner de ejemplo la infausta gestión de su líder como muestra de buen gobierno (es más gracioso porque es verdad).

El primer gabinete: expectativas bajas y sabor a parches

Sin embargo, tener la valla baja, muy baja, microscópicamente baja, no es pretexto para la falta de rumbo —o su apariencia, en todo caso—. En ese sentido, el primer gabinete del segundo fujimorismo no parece el ideal por donde se le mire. Creo que todos esperábamos más de una propuesta que lleva 20 años en búsqueda de consolidarse, y lo que estamos viendo es un equipo que parece compuesto a puros parches.

Hay figuras respetables, ciertamente, y excelentes técnicos, pero el observador imparcial podría argüir que, siendo el fujimorismo la principal fuerza electoral y el partido político más sólido de nuestro país, se esperaba que presentara sus cuadros sólidos y no (salvo honrosas excepciones) una añeja colección de viejos conocidos de la política nacional.

¿Será que estamos viendo una reedición, con tintes naranjas, de la situación que afrontó el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski cuando no tenía quién responda al otro lado del teléfono a la hora de convocar nuevos ministros durante su breve paso por la Casa de Pizarro?

Urgencias nacionales: economía, seguridad y bienestar

El Perú es un país de urgencias: se viene el fenómeno del Niño y la criminalidad alcanza cifras notables. Según datos del Ministerio Público, se hallan registradas 12 634 denuncias de extorsión y chantaje. Si consideramos que solo una fracción de estos delitos son reportados —lo que en criminología se enuncia como «la cifra negra de la criminalidad»—, se indica que el 85 % de los delitos de extorsión y chantaje no se denuncian.

Entre noviembre de 2025 y abril de 2026, las cifras del INEI indican que la percepción de inseguridad en la zona urbana alcanza el 83,2 % de la población mayor, mientras que la tasa de victimización en este mismo segmento etario —es decir, aquellos que han sido víctimas de algún robo u otro tipo de acto delictivo— constituye un alarmante 24,8 %.

Nuestra nación tampoco ha recuperado los niveles de bienestar que, con trabajo y muchas veces de manera precaria, había alcanzado en la etapa previa a la pandemia. La actual tasa de pobreza monetaria se sitúa en un 25,7 %, es decir, 5,5 puntos porcentuales por encima de donde nos encontrábamos en 2019. A los niveles actuales de crecimiento, la recuperación de los niveles prepandemia recién sería alcanzada en 2030.

La evolución del liderazgo en el fujimorismo y el fujimorismo contemporáneo

Quizás el problema de fondo obedezca a una desmesurada inflación de expectativas. Fujimori lleva encima, para lo bueno y para lo malo, la herencia del primer gobierno de su padre, el ing. Alberto Fujimori. Se pueden decir muchas cosas de don Alberto, pero tibio no era. Una vez que, cual criollo Saulo de Tarso, asumió el credo de la reactivación económica camino a Washington, lo asumió sin cortapisas.

El antropólogo Carlos Iván Degregori, en La década de la antipolítica, comparaba a Alberto Fujimori con un cirujano dispuesto a aplicar la amputación del miembro en una tienda de campaña, con los implementos disponibles y sin anestesia. Nadie va a decir que Degregori era afín —de hecho, era un crítico acérrimo del fujimorismo—, pero esa figura es algo que los fujimoristas podrían aceptar de muy buen agrado para referirse a su líder. Esa decisión es la que no se ve en Keiko Fujimori.

De outsiders a políticos profesionales

Hay que ver la diferencia central entre Alberto Fujimori y Keiko Fujimori para entender algo del cambio que ha tenido el fujimorismo como movimiento y en su manera de actuar. Alberto Fujimori era un outsider, alguien que se construyó —al menos parcialmente— fuera de las cúpulas partidarias, aunque es sabido que alguna cercanía sí tenía. Su discurso era antipolítico y apuntaba contra la clase política tradicional.

A diferencia de su padre —un ingeniero agrónomo que venía, además, del campo universitario—, la presidenta Keiko Fujimori es una política profesional en el sentido weberiano, es decir, alguien que vive de la política, por la política y para la política.

Hoy en día, el fujimorismo ya no es aquel movimiento antisistémico que emergió en los noventa y pretendía desplazar a los erróneamente llamados partidos políticos tradicionales.

Digo erróneamente llamados porque, como sostenía el tempranamente desaparecido periodista y politólogo Pedro Planas, no existía en nuestra nación —y hay que decir que sigue sin existir— una institucionalidad política a la cual considerar como tradicional en nuestro sufrido país.

Hoy en día, el fujimorismo es el partido político más sólido y organizado del país, habiendo desplazado aparentemente de este lugar al otrora todopoderoso Partido Aprista Peruano.

Entre la apertura política y la inacción de gobierno

Habiendo reemplazado su orientación inicial de movimiento antipolítico a partido político estructurado, hay cierta coherencia en entender que el segundo fujimorismo esté orientándose —o al menos proyectando la intención de orientarse— hacia la convergencia con figuras de otras tiendas ubicadas dentro de su mismo segmento político. Reciclaje, dirían algunos.

Hay que recordar, sin embargo, a los más duros críticos desde la derecha que el fujimorismo fue bastante abierto en sus primeras convocatorias. Carlos Hurtado Miller, por ejemplo, provenía de las filas de Acción Popular; el ahora renovador Absalón Vásquez, de las filas del APRA; y Gloria Helfer, de reconocida trayectoria izquierdista, fue su ministra de educación. Por solo mencionar a los más reconocidos.

El problema de fondo no es la convergencia de actores; el problema es la aparente inacción de los primeros días. El gobierno se siente como ausente y el Perú sigue sufriendo. No es la crisis terminal de los noventa, pero es una fiebre persistente que mina sin descanso las posibilidades de desarrollo del país y debilita la escasa fe en la democracia que todavía nos queda.

La presidenta tiene todavía dos meses de «luna de miel» para convencernos de que puede imprimir un cambio de rumbo en la deriva nacional. Su lugar en la historia y la consolidación del fujimorismo como partido político dependen de ello, o será una decepción más en la vida peruana. Entonces hablaremos del postfujimorismo, pero es muy temprano para ello.

Hasta proxima ocasión

 

Iván A. Budinich Castro


El camino del infierno: a propósito de los límites a las tasas de interés

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