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viernes, 4 de septiembre de 2026

Al día siguiente: Los primeros 30 días del Keikismo


Si alguien esperaba una gran transformación tras la asunción de Keiko Fujimori al mando de la nación peruana, hay que decirle que sufre de una grave inflamación de expectativas. Como dije en mi posteo anterior sobre la inesperada victoria de Fujimori en las elecciones 2026, a Keiko le basta con ser Keiko para que su gobierno sea ostensiblemente mejor que el del infausto golpista Pedro Castillo.

Imagen: Ruslan Sikunov

Para empezar, no vemos una corrida de capitales en los primeros días del gobierno; eso ya es ganancia. Tampoco percibimos una sensación galopante de inestabilidad. Al menos de momento no lo vemos. Sí, ya sabemos que en Perusalém lo único que podemos esperar es lo inesperado. Sin embargo, es muy raro ver por estos días a los habituales profetas de café anunciando la inminente vacancia de la presidenta Fujimori.

Cierto es que no son pocos los que sueñan con defenestrarla, e incluso los acólitos del sombrero tienen la desfachatez de poner de ejemplo la infausta gestión de su líder como muestra de buen gobierno (es más gracioso porque es verdad).

El primer gabinete: expectativas bajas y sabor a parches

Sin embargo, tener la valla baja, muy baja, microscópicamente baja, no es pretexto para la falta de rumbo —o su apariencia, en todo caso—. En ese sentido, el primer gabinete del segundo fujimorismo no parece el ideal por donde se le mire. Creo que todos esperábamos más de una propuesta que lleva 20 años en búsqueda de consolidarse, y lo que estamos viendo es un equipo que parece compuesto a puros parches.

Hay figuras respetables, ciertamente, y excelentes técnicos, pero el observador imparcial podría argüir que, siendo el fujimorismo la principal fuerza electoral y el partido político más sólido de nuestro país, se esperaba que presentara sus cuadros sólidos y no (salvo honrosas excepciones) una añeja colección de viejos conocidos de la política nacional.

¿Será que estamos viendo una reedición, con tintes naranjas, de la situación que afrontó el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski cuando no tenía quién responda al otro lado del teléfono a la hora de convocar nuevos ministros durante su breve paso por la Casa de Pizarro?

Urgencias nacionales: economía, seguridad y bienestar

El Perú es un país de urgencias: se viene el fenómeno del Niño y la criminalidad alcanza cifras notables. Según datos del Ministerio Público, se hallan registradas 12 634 denuncias de extorsión y chantaje. Si consideramos que solo una fracción de estos delitos son reportados —lo que en criminología se enuncia como «la cifra negra de la criminalidad»—, se indica que el 85 % de los delitos de extorsión y chantaje no se denuncian.

Entre noviembre de 2025 y abril de 2026, las cifras del INEI indican que la percepción de inseguridad en la zona urbana alcanza el 83,2 % de la población mayor, mientras que la tasa de victimización en este mismo segmento etario —es decir, aquellos que han sido víctimas de algún robo u otro tipo de acto delictivo— constituye un alarmante 24,8 %.

Nuestra nación tampoco ha recuperado los niveles de bienestar que, con trabajo y muchas veces de manera precaria, había alcanzado en la etapa previa a la pandemia. La actual tasa de pobreza monetaria se sitúa en un 25,7 %, es decir, 5,5 puntos porcentuales por encima de donde nos encontrábamos en 2019. A los niveles actuales de crecimiento, la recuperación de los niveles prepandemia recién sería alcanzada en 2030.

La evolución del liderazgo en el fujimorismo y el fujimorismo contemporáneo

Quizás el problema de fondo obedezca a una desmesurada inflación de expectativas. Fujimori lleva encima, para lo bueno y para lo malo, la herencia del primer gobierno de su padre, el ing. Alberto Fujimori. Se pueden decir muchas cosas de don Alberto, pero tibio no era. Una vez que, cual criollo Saulo de Tarso, asumió el credo de la reactivación económica camino a Washington, lo asumió sin cortapisas.

El antropólogo Carlos Iván Degregori, en La década de la antipolítica, comparaba a Alberto Fujimori con un cirujano dispuesto a aplicar la amputación del miembro en una tienda de campaña, con los implementos disponibles y sin anestesia. Nadie va a decir que Degregori era afín —de hecho, era un crítico acérrimo del fujimorismo—, pero esa figura es algo que los fujimoristas podrían aceptar de muy buen agrado para referirse a su líder. Esa decisión es la que no se ve en Keiko Fujimori.

De outsiders a políticos profesionales

Hay que ver la diferencia central entre Alberto Fujimori y Keiko Fujimori para entender algo del cambio que ha tenido el fujimorismo como movimiento y en su manera de actuar. Alberto Fujimori era un outsider, alguien que se construyó —al menos parcialmente— fuera de las cúpulas partidarias, aunque es sabido que alguna cercanía sí tenía. Su discurso era antipolítico y apuntaba contra la clase política tradicional.

A diferencia de su padre —un ingeniero agrónomo que venía, además, del campo universitario—, la presidenta Keiko Fujimori es una política profesional en el sentido weberiano, es decir, alguien que vive de la política, por la política y para la política.

Hoy en día, el fujimorismo ya no es aquel movimiento antisistémico que emergió en los noventa y pretendía desplazar a los erróneamente llamados partidos políticos tradicionales.

Digo erróneamente llamados porque, como sostenía el tempranamente desaparecido periodista y politólogo Pedro Planas, no existía en nuestra nación —y hay que decir que sigue sin existir— una institucionalidad política a la cual considerar como tradicional en nuestro sufrido país.

Hoy en día, el fujimorismo es el partido político más sólido y organizado del país, habiendo desplazado aparentemente de este lugar al otrora todopoderoso Partido Aprista Peruano.

Entre la apertura política y la inacción de gobierno

Habiendo reemplazado su orientación inicial de movimiento antipolítico a partido político estructurado, hay cierta coherencia en entender que el segundo fujimorismo esté orientándose —o al menos proyectando la intención de orientarse— hacia la convergencia con figuras de otras tiendas ubicadas dentro de su mismo segmento político. Reciclaje, dirían algunos.

Hay que recordar, sin embargo, a los más duros críticos desde la derecha que el fujimorismo fue bastante abierto en sus primeras convocatorias. Carlos Hurtado Miller, por ejemplo, provenía de las filas de Acción Popular; el ahora renovador Absalón Vásquez, de las filas del APRA; y Gloria Helfer, de reconocida trayectoria izquierdista, fue su ministra de educación. Por solo mencionar a los más reconocidos.

El problema de fondo no es la convergencia de actores; el problema es la aparente inacción de los primeros días. El gobierno se siente como ausente y el Perú sigue sufriendo. No es la crisis terminal de los noventa, pero es una fiebre persistente que mina sin descanso las posibilidades de desarrollo del país y debilita la escasa fe en la democracia que todavía nos queda.

La presidenta tiene todavía dos meses de «luna de miel» para convencernos de que puede imprimir un cambio de rumbo en la deriva nacional. Su lugar en la historia y la consolidación del fujimorismo como partido político dependen de ello, o será una decepción más en la vida peruana. Entonces hablaremos del postfujimorismo, pero es muy temprano para ello.

Hasta proxima ocasión

 

Iván A. Budinich Castro


jueves, 16 de julio de 2026

La Edad de Keiko

 

“No es el fin, no es el principio del fin. Es el fin del principio”

Winston Churchill

Solía decir el buen doctor Valentín Paniagua Corazao, que en política es mejor ser historiador que profeta y cuánta razón tenía. El ansiado tiempo nuevo prometido por la transición postfujimorista, acabó convertido en dos décadas infames de robo y corrupción. Siendo el mencionado Dr. Valentín Paniagua junto a Francisco Sagasti los dos únicos expresidentes que no han terminado en prisión tras su paso por la Casa de Pizarro en todos estos años. Pensar que tantas esperanzas terminaron traicionadas.

Pero volviendo a la poca factibilidad de la profecía en política y en especial en la política peruana donde, hace pocas semanas muy escasos personas especialistas o no, hubieran apostado decididamente por la victoria de Keiko Fujimori en la segunda vuelta electoral de las elecciones generales de este año y sin embargo, a pesar del descreimiento casi generalizado hoy tenemos a la mencionada a pocos días o horas si se quiere de asumir la presidencia del Perú al cuarto intento de lograrlo.

Sinceramente no espero mucho de Keiko Fujimori, uno porque el precedente que tiene es gigantesco. Su padre Alberto Fujimori fue con luces y sombras el arquitecto del Perú actual. Si tenemos algún viso de gobernabilidad, si la economía peruana puede subsistir a pesar de la enorme inestabilidad política de la última década es por obra y gracia de Constitución y las instituciones diseñadas durante su mandato.

Ahora bien, Keiko Fujimori tiene a su favor un punto crucial y este es que su perfil es casi, casi una invitación a la inversión extranjera, así que un escenario como una corrida de las inversiones y el alza inmediata del dólar se encuentra totalmente negado en el quinquenio keikista (si llega a completarlo), además su presidencia ocurre en un entorno internacional donde la nueva derecha predomina en América latina lo que también le resulta favorable..  En contra tiene una cámara baja mayoritariamente en manos de una oposición que no dudara en recurrir a las calles buscando seguramente  victimas que achacar al régimen para cuestionarlo frente a la opinión pública.

Ojo no hay que subestimar a la presidente Fujimori, ha demostrado un valor poco común frente a situaciones extremas como ser encarcelada sin pruebas firmes por medio de ese instrumento casi oscurantista en que ha devenido la prisión preventiva en nuestro país. Ha demostrado también la capacidad de construir sobre la base del capital político heredado (conviene no olvidarlo) lo que hoy por hoy es el partido más sólido del Perú,  ha demostrado una persistencia poco común que le ha permitido alcanzar la segunda vuelta en cuatro ocasiones distintas, perder en tres ocasiones por escasos puntos porcentuales pese a años de propaganda adversa y finalmente ganar el sillón de Pizarro. No es su padre ciertamente, no tiene detrás la trayectoria que tenía este al momento de la elección, pero boba no es.

Y por si fuera poco el II fujimorismo tendra como reto inmediato el que todo indica que sera uno de los fenómenos del niño más fuertes de la últimas décadas. Los memoriosos recordaran el impacto negativo que evento climático tuvo en el segundo belaundismo en los 80’s y en el primer fujimorismo a fines de los 90´s, eso a pesar de que el Ing. Fujimori tuvo lo que puede considerarse una de las preparaciones más minuciosas registradas en nuestra historia frente a la insurgencia de este fenómeno.

En la parte comunicacional KF la tiene fácil, ello porque no puede ser tan malvada como sus críticos parecen pensar. Si algo de memoria institucional existe en Fuerza Popular, se deberán cuidar de resistir la tentación autoritaria o al menos disimularla.

Mientras el keikismo ahora en el poder no empale a sus opositores en la plaza de armas o no proscriba cantar la flor de retama, todo estará dentro de la normalidad y sus adversarios más declarados, acabaran en el más absurdo de los ridículos. Aunque con un Congreso mayoritariamente opositor, casi cualquier cosa podría pasar y para ello están los operadores de Fuerza Popular que ya cuentan con larga experiencia en generar consensos parlamentarios.

¿Es factible que el segundo fujimorismo logre la reconciliación nacional? A título personal lo considero bastante dudoso. Hay toda una industria del odio en el mercado político de nuestro querido Perú, nos acercamos a ser como España donde a Franco sus detractores no lo dejan morir pese a la cantidad de décadas pasadas desde el fin de su régimen y su fallecimiento. Y por el lado de los naranjitos, estos no parecen ser precisamente seguidores de poner la otra mejilla a sus numerosos enemigos. Habra que ver que pasa con las ansias cainitas que suelen consumir a nuestra nación.

En ese contexto, como hemos visto anteriormente los dos grandes adversarios de Fujimori son: 1. Un Congreso adverso que puede gestionar de alguna manera dada la experiencia de su bancada en estas cuestiones demostrada en el último periodo congresal y 2. El fenómeno del niño que va a requerir el concurso de cuanto profesional capaz pueda echar mano.

Y no nos podemos olvidar tampoco del verdadero problema que afecta a nuestro país que es el crimen organizado, ciertamente no solo el problema. EL GRAVE PROBLEMA que el Estado peruano no ha sabido resolver en los últimos años y que el 45.8%  de la población identifica según la encuesta de Datum publicada el 12 de Julio del presente como el principal problema de nuestro país.  Hay que recordar que este es un problema esencialmente policial, así que cabe esperar que el entorno de la presidencia, recuerde las lecciones del primer fujimorismo y haga de la inteligencia el eje central de su lucha contra el crimen organizado que hoy nos aqueja.

Como aliados eventuales el keikismo deberá contar con Renovación Popular de Rafael López Aliaga, el ex candidato presidencial del cual la pasada segunda vuelta electoral ha mostrado claramente los límites de su muy limeño proyecto político. Otro actor que podría funcionar como una bisagra con la izquierda es el centrista Jorge Nieto quien con sus modos extrañamente civilizados para la política peruana, se ha mostrado como heredero de las formas clásicas del hacer política en nuestra tradición republicana, siendo él y Keiko Fujimori los únicos políticos en la campaña.

Por cierto, la última jugada de Jorge Nieto de reunirse con Fujimori para tender puentes y a la par exigir un poco razonable indulto al defenestrado golpista Pedro Castillo, es una jugada maestra de manual, ya que con ello tiende puentes hacia un sector de la izquierda que se había alejado de su liderazgo luego de no tomar abiertamente partido por Sánchez en la pasada segunda vuelta, a la vez que se distancia al menos mediáticamente del entorno oficialista. Todo un político de la vieja escuela, en el contexto actual un aire esperanzador en medio del combinado chicha-combi-informal en el que ha devenido la política peruana contemporánea.

Reflexión final

Si la presidente Keiko Fujimori logra completar su quinquenio con una mejora ostensible de la seguridad, los indicadores económicos al alza, más dinero en el bolsillo del peruano promedio y no solo en los de los grandes grupos de poder. El suyo será un gobierno memorable, quizás a la altura del segundo alanismo.

Si a eso le sumamos que ningún opositor termina empalado en palacio de gobierno, y tampoco ordena invadir Polonia, pues podrá exhibir un periodo pleno de libertades democráticas y retirarse tranquilamente a su casa o bien dedicarse a fortalecer Fuerza Popular y por ende el sistema de partidos políticos peruano.

Hasta proxima ocasión. 

Iván Budinich Castro.

 

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